El aguachile nayarita es camarón crudo "cocido" en limón, picante hasta hacerte sudar y tan fresco que sabe al estero. Aquí van las dos versiones que se pelean en cada marisquería de San Blas: la verde de serrano y cilantro, y la roja de chiltepín. Sin cocina, sin horno: solo limón bien frío, chile molido y buena mano para no pasarte de curado.

El aguachile no nació en la playa sino en la sierra. En los ranchos del noroeste (Sinaloa y la Nayarit alta, tierra cora y huichol) los campesinos molían chiltepín silvestre con agua de pozo y sal para acompañar carne seca rehidratada: literalmente agua de chile, de ahí el nombre. Era comida de subsistencia, picante y barata, que se hacía en molcajete sin más lujo que el chile que crecía solo entre las piedras. La receta bajó a la costa cuando ese mismo trío —chile, agua y sal— se topó con el camarón fresco del Pacífico.
En Nayarit ese encuentro tiene domicilio: los esteros y marismas de San Blas, Boca de Camichín, Santiago Ixcuintla y sobre todo Mexcaltitán, la isla-pueblo a la que llaman la Venecia mexicana, donde el camarón se pesca en atarraya y llega vivo a la ramada. Por eso el aguachile nayarita se distingue del sinaloense: es más aguado, más caldoso, pensado para camarón recién sacado del agua salobre que casi no necesita curado. Se sirve al momento, frío, con el chiltepín de la sierra que baja a los mercados de Tepic.
Lo de rojo y verde no es capricho de menú, es geografía del chile. El verde —serrano y cilantro licuados— es el aguachile de diario, herbáceo y limpio. El rojo mira hacia el origen serrano: chiltepín o chile de árbol tostado y molido, más profundo, más terroso, el que más se parece a aquella agua de chile del rancho. Pedir 'uno de cada' en una marisquería nayarita es la forma más honesta de probar toda la historia del plato en un solo bocado.
Un aguachile así de ácido y picante pide algo frío que corte, no que compita. La opción clásica de marisquería es una michelada bien fría preparada con Zumato (bebida de tomate y limón, receta mexicana): salada, especiada y con el mismo eje cítrico que el plato. Si prefieres algo más ligero que limpie el picor entre bocado y bocado, una Paloma con Chesquitos —refresco de toronja blanca, pálido y menos amargo que la toronja rosa— refresca sin tapar el marisco.
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