Oaxaca · Botana de mercado

¿Cómo se comen los chapulines oaxaqueños? La botana zapoteca, explicada de verdad

Los chapulines no se comen "enteros de golpe y a ver qué pasa": se toman a puños pequeños, del montoncito rojo del mercado, y se mastican con todo —patas, alas y cuerpo— porque ahí está el crujido. Saben a lima, a chile de árbol y a ajo tostado sobre comal, con un fondo terroso que recuerda a la milpa mojada. En Oaxaca son el aperitivo que abre un mezcal, el relleno de una tlayuda o el puñado que se echa sobre el guacamole. Aquí te explicamos cómo se preparan, cómo se comen y cómo montar la botana en casa sin que te sepan a "insecto", sino a lo que son: una de las mejores proteínas del planeta con siglos de cocina detrás.

Prep
15 min
Cocción
10 min
Total
25 min
Raciones
4 raciones de botana
Dificultad
Fácil
Chapulines oaxaqueños — Oaxaca

Origen: Chapulines oaxaqueños

El chapulín (del náhuatl chapolin, saltamontes) no es plato de moda: es entomofagia prehispánica viva. En los Valles Centrales de Oaxaca —Zaachila, Zimatlán, Ocotlán, Tlacolula— las familias zapotecas llevan generaciones recolectando el saltamontes Sphenarium purpurascens en los campos de alfalfa y en la milpa, sobre todo en época de lluvias (de julio a octubre), cuando el insecto abunda. Lo que para el cultivo era una plaga se convirtió en cosecha: se atrapan al amanecer con redes de manga, se limpian y se tuestan el mismo día. Es control de plaga y despensa a la vez, una lógica campesina que hoy la sostenibilidad redescubre como proteína de bajísima huella hídrica.

Del campo, el chapulín viaja al comal y de ahí al puesto. En los mercados de la ciudad de Oaxaca —el 20 de Noviembre y el Benito Juárez— hay pasillos enteros de montañitas rojizas: se venden por cuartillo o por montoncito y, sobre todo, por tamaño. Los chiquitos (recién nacidos, tiernos, casi sin pata dura) son los más caros y cotizados; los medianos son los de diario; los grandes, más crujientes y de sabor intenso. Detrás del puesto suele estar la mujer que los tostó, y ese color rojo ladrillo no es del chapulín: es la mezcla de chile, ajo y jugo de limón con la que se sazonan al calor del comal.

De comida humilde —lo que había cuando no había carne— el chapulín pasó a símbolo de identidad oaxaqueña y hoy a delicatessen que se exporta y aparece en cartas de alta cocina. Pero su casa sigue siendo la botana: el plato que se pica de pie, entre risas, con un caballito de mezcal al lado. Entender los chapulines es entender esa mesa oaxaqueña donde lo antiguo y lo cotidiano son la misma cosa.

Ingredientes · 4 raciones de botana

Preparación paso a paso

Limpieza (si son frescos)
Si compras chapulines frescos, purga y enjuaga: déjalos en un bol tapado unas horas para que se vacíen, retira patas sueltas y alas rotas, lava en varias aguas y escúrrelos bien. Si los compras secos y ya limpios —lo habitual fuera de México— sáltate este paso: solo revísalos y desecha los rotos. El objetivo es que entren al comal secos por fuera; el agua sobrante los cuece en vez de tostarlos.
Tostar el ajo
Calienta un comal, sartén de hierro o una plancha a fuego medio con el aceite o la manteca. Echa el ajo picado y muévelo 30-40 segundos, justo hasta que perfume y empiece a dorar, sin quemarse. El ajo tostado es la base aromática real del chapulín oaxaqueño; si se amarga, amarga todo el lote.
Tostar los chapulines
Sube el fuego a medio-alto, añade los chapulines (y el epazote si lo usas) y remueve casi sin parar 5-7 minutos. Buscas que se pongan crujientes y suenen al removerlos, no que se calcinen: las patas finas se queman antes que el cuerpo, así que mantén el movimiento constante y no llenes el comal —si van amontonados sudan y quedan correosos. Trabaja en dos tandas si hace falta.
Sazonar fuera del fuego
Retira del calor o baja al mínimo antes de sazonar. Añade la sal, el chile en polvo y, al final, el zumo de lima. La lima va al último y con el fuego bajo por una razón técnica: si la echas antes, se evapora y hierve, los chapulines se ablandan y pierdes el crujido. Removida en caliente y ya casi apagado, la lima se pega en una laca ácida que fija el chile al cuerpo del insecto. Ese barniz rojo-ácido es todo.
Cómo se comen
Sírvelos en un plato hondo pequeño y cómelos con los dedos, a puñaditos, tal cual, con un gajo de lima aparte para exprimir encima. La forma clásica: taco de tortilla caliente con chapulines y unas cucharadas de guacamole, que amansa el picor y aporta cremosidad frente al crujido. También van sobre una tlayuda, dentro de una quesadilla o esparcidos sobre el guacamole como si fueran picatostes. No se pelan ni se les quita nada: se comen enteros.
Truco pro
El punto lo marca la lima añadida al final y en caliente, nunca al principio: si la echas con el comal a tope se evapora y los chapulines se cuecen y se ablandan; con el fuego ya bajo, se convierte en una laca ácida que pega el chile al cuerpo y conserva el crujido. Y respeta el tamaño: los chiquitos casi no necesitan cocción (se pasan y se hacen polvo), los grandes agradecen un par de minutos más de comal.

Con qué bebida servirlo

Sin lácteo y directo al grano: una michelada de Zumato —nuestra bebida de tomate y limón elaborada en España con receta mexicana— es el maridaje natural, porque el ácido salino del tomate y el limón rima con la lima y el chile del chapulín y limpia el paladar entre puñado y puñado. Si prefieres la ruta pura oaxaqueña, un mezcal joven derecho: el humo del agave y el terroso del chapulín se buscan. Evita cerveza muy dulce o refrescos empalagosos, que aplanan el chile.

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Preguntas frecuentes

¿Los chapulines se comen enteros, con patas y alas?
Sí. Se comen enteros, sin pelar ni quitar nada: patas, alas y cuerpo. Precisamente las patas dan buena parte del crujido. Los tamaños chico y mediano son los más agradables de comer así; los grandes crujen más y tienen sabor más intenso. Se toman a puñaditos, con los dedos.
¿A qué saben realmente?
A lima, chile de árbol y ajo tostado por fuera, y por dentro a un fondo terroso y ligeramente a fruto seco, algo parecido a una gamba muy pequeña muy tostada mezclada con tierra de milpa. No saben a "bicho": el sabor dominante es el del sazón, por eso el punto de chile, ajo y lima lo es todo.
¿Cómo los sirvo en una botana en casa?
En platitos hondos para picar de pie, con gajos de lima al lado y tortillas calientes o totopos y un bol de guacamole. La combinación estrella es el taco de chapulines con guacamole. Como toque de mercado, espolvorea unos chapulines sobre el guacamole: aportan crujido y sal como si fueran picatostes.
¿Se pueden encontrar chapulines en España?
Cuesta más que en Oaxaca, pero llegan secos y ya sazonados a través de tiendas de producto mexicano y de proveedores de insecto comestible con registro europeo. Si los consigues ya tostados y con chile, con calentarlos ligeramente en el comal y refrescar con lima recién exprimida basta. Nosotros no vendemos chapulines: aquí ponemos la botana y la bebida para acompañarlos.
¿Son sanos? ¿Por qué se habla tanto de ellos?
Son una proteína densa, rica en aminoácidos y minerales, con muchísima menos agua y tierra por gramo de proteína que la carne de res. En Oaxaca fueron comida de campo durante siglos y hoy interesan justo por eso: sabor con historia y una huella ambiental mínima. Como toda botana con chile y sal, la gracia está en tomarlos con medida.

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