Oaxaca es la capital gastronómica de México: la tierra de los siete moles, del quesillo —el queso Oaxaca que nace aquí—, del mezcal y de una cocina de mercado, comal y metate.

El mole negro es el rey de los siete moles de Oaxaca: profundo, brillante, con un dulzor apenas insinuado y un…
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La memela oaxaqueña de asiento es el desayuno de mercado por excelencia: una tortilla gruesa de maíz, con el b…
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Torpedos dorados de masa con patata, crujientes por fuera y con el corazón fundido de quesillo. Así se hacen l…
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El tamal oaxaqueño no se parece al del centro de México: es plano, ancho y se envuelve en hoja de plátano, que…
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Tortillas de maíz bañadas en un puré aterciopelado de frijol negro perfumado con hoja de aguacate, dobladas y …
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La sopa de guías es el plato de temporada de lluvias en Oaxaca: un caldo verde y humilde hecho con lo que da l…
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El tejate es la bebida ceremonial de los Valles Centrales de Oaxaca: maíz nixtamalizado, cacao, hueso de mamey…
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El nicuatole es una gelatina de maíz que cuaja sola, sin grenetina, y que en los Valles Centrales de Oaxaca se…
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La nieve de leche quemada no lleva nata ni huevo: es leche entera cocida despacio hasta que sus azúcares se do…
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Un caldo de pescado y marisco que jamás toca el fuego directo: se cuece en una jícara con una piedra de río ca…
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La tlayuda no es una tostada gigante ni una pizza mexicana: es una tortilla enorme, correosa y ahumada que se …
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Ni tan hondo como el negro ni tan ligero como el amarillito: el coloradito es el mole del día a día en los Val…
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De los siete moles de Oaxaca, el amarillo es el más malentendido: casi nunca es amarillo del todo (tira a nara…
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De los siete moles de Oaxaca, el chichilo es el que casi nadie hace: mole de res, sin chocolate ni dulzor, neg…
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De los siete moles de Oaxaca, el verde es el rebelde: no lleva chiles secos ni pasta oscura que se guarda una …
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De los moles oaxaqueños, el estofado es el forastero: dorado en vez de negro, dulzón en vez de terroso, con ac…
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El platillo con el que los pueblos zapotecos de los Valles Centrales dan de comer a media aldea la mañana desp…
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Antes que el pozole y antes que cualquier caldo de olla, en los pueblos zapotecos de Oaxaca ya se cocía la seg…
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Sin chocolate, sin almendras, sin plátano frito: el chileajo es la cara austera y punzante de la cocina oaxaqu…
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Una lámina finísima de res salada, marcada al carbón hasta que se riza por los bordes, untada con chintextle —…
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Las entomatadas son la más humilde y la más honesta de las "tortillas bañadas" oaxaqueñas: tortilla pasada por…
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No son empanadas de horno ni fritas: son de masa de maíz, dobladas sobre un comal de barro y rellenas de mole …
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El tamal de chepil no es un tamal de fiesta: es el tamal de diario, el que se compra al vapor en la esquina de…
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Los chapulines no se comen "enteros de golpe y a ver qué pasa": se toman a puños pequeños, del montoncito rojo…
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En Oaxaca el chocolate no se disuelve: se bate. Una tablilla de cacao molido con azúcar, canela y almendra, ag…
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Miga amarilla, olor a naranja y anís, y una corteza brillante coronada de ajonjolí: el pan de yema es el pan d…
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En Oaxaca el buñuelo no es una galleta gruesa: es una lámina translúcida, casi de cristal, que se estira sobre…
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La sangrita no se echa dentro del mezcal: se sirve en su propio caballito y se bebe a sorbos alternos. Esta ve…
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