Oaxaca · El mole de fiesta más mestizo

Estofado oaxaqueño de bodas: la receta del mole de almendra, aceituna y pasas

De los moles oaxaqueños, el estofado es el forastero: dorado en vez de negro, dulzón en vez de terroso, con aceitunas y alcaparras metidas entre las pasas y las almendras. Es el guiso que las abuelas del Valle sacan solo para las bodas y los bautizos, y aquí lo tienes completo —con la mano exacta para que no se te venga ni muy dulce ni muy salado.

Prep
40 min
Cocción
1 h 20 min
Total
2 h
Raciones
6-8 raciones
Dificultad
Media
Estofado oaxaqueño de almendra (mole estofado) — Oaxaca

Origen: Estofado oaxaqueño de almendra (mole estofado)

El estofado es la prueba viva del mestizaje en la olla oaxaqueña. Mientras el mole negro o el chichilo hunden sus raíces en el chile y la ceniza prehispánicos, el estofado nace del choque con la despensa española y morisca que llegó tras la Conquista: aceitunas, alcaparras, almendras, pasas, plátano, canela, clavo y pimienta. Las cocinas de los conventos de Antequera (la vieja Oaxaca colonial) fueron el laboratorio donde esas especias del Mediterráneo se casaron con el jitomate y el chile ancho locales, dando un mole claro, brillante y de dulzor contenido en lugar de la contundencia oscura de sus hermanos.

Por eso en Oaxaca al estofado se le llama de cariño 'mole de bodas' o 'de fiesta grande'. No es cotidiano: aparece en las mayordomías, en los bautizos y, sobre todo, en los banquetes de casamiento, donde la novedad de las aceitunas y las alcaparras se leía como lujo. Es un mole de mantel largo, pensado para lucirse ante la familia reunida y para servir en cazuela grande sobre una mesa que también trae arroz rojo, tortillas recién echadas y, cómo no, una tabla de quesos para picar mientras se reparte.

A diferencia del negro, que pide veinte ingredientes y un comal encendido toda la mañana, el estofado es el mole festivo más agradecido de hacer fuera de Oaxaca: no depende de chiles chilhuacle imposibles ni de hoja santa, sino de una base de jitomate y chile ancho que se consigue en cualquier lado. Eso lo vuelve el mole ideal para reunir a los tuyos en España sin renunciar a la mesa de fiesta oaxaqueña.

Ingredientes · 6-8 raciones

Preparación paso a paso

Levanta el caldo
Pon el pollo en una olla con 1,5 l de agua, media cebolla, un diente de ajo y sal. Lleva a hervor suave y cuece 25-30 min, retirando la espuma. Saca las piezas y reserva; cuela el caldo y guárdalo: es la columna del mole. Trabajar con caldo propio, y no con agua, es lo que da cuerpo a un estofado que si no queda aguado.
Fríe los tesoros dulces
En la manteca caliente, dora por tandas y sin quemar: las 60 g de almendras, el pan en trozos, el plátano macho en rodajas y, al final y solo unos segundos, las pasas (se inflan enseguida). Ve sacándolos a un bol. Este dorado en grasa es el que aporta el fondo tostado y el dulzor caramelizado que define al estofado.
Asa la base y tuesta el ajonjolí
En un comal o sartén seco, asa los jitomates, los 2 dientes de ajo restantes y media cebolla hasta que se manchen de negro. Aparte, tuesta el ajonjolí moviéndolo sin parar hasta que salte y dore. Los chiles anchos, pásalos 20 segundos por el comal y ponlos a hidratar en agua caliente 10 min.
Muele todo junto
En la batidora, muele los jitomates asados, el ajo, la cebolla, los chiles escurridos, las almendras, el pan, el plátano, las pasas y la mitad del ajonjolí, con un cazo de caldo. Muele hasta obtener una pasta fina y homogénea. Si tu batidora sufre, cuela la pasta después: el estofado se quiere terso, no rústico.
Sazona el mole (el paso que no se salta)
Calienta el resto de la manteca en una cazuela de fondo grueso hasta que humee ligero. Vierte la pasta molida —cuidado que salpica— y fríela sin dejar de mover 8-10 min: cambiará a un dorado más oscuro y verás que la grasa empieza a separarse en los bordes. Ese 'sazonado' concentra el sabor y quita el crudo de la molienda; es la diferencia entre un mole plano y uno redondo.
Añade caldo, especias y carne
Incorpora poco a poco el caldo hasta la textura de una crema ligera. Mete la canela, el clavo, la pimienta, el laurel, el tomillo y el orégano. Suma el pollo (y las patatas y zanahoria si las usas) y cuece a fuego bajo 25-30 min, moviendo de vez en cuando para que no se pegue al fondo.
El toque salado al final y a la mesa
En los últimos 10 min añade las aceitunas y las alcaparras: van al final para que aporten su punto salado y ácido sin amargar ni deshacerse. Prueba y ajusta el equilibrio dulce-salado con una pizca de azúcar o un chorrito de vinagre. Sirve con las almendras fileteadas y el resto del ajonjolí por encima, arroz rojo y tortillas calientes.
Truco pro
El corazón del estofado es el equilibrio dulce-salado, y se gobierna con el orden, no con las cantidades. Fríe la pasta molida hasta que la grasa se separe (ahí vive el sabor) y guarda SIEMPRE las aceitunas y alcaparras para los últimos 10 minutos: si las echas al principio se amargan y se deshacen, y el mole se te va de salado. Prueba justo antes de servir con una cucharada tomada del centro de la cazuela —no del borde— porque ahí se concentra el punto real; corrige con una pizca de azúcar si te pide dulzor o unas gotas de vinagre si lo notas empalagoso.

Con qué bebida servirlo

Es un guiso de mantel largo, así que trátalo como banquete. De aperitivo, una Zumato bien fría con lima y sal escarchada abre el apetito y su acidez de tomate y limón limpia el paladar entre bocado y bocado de mole. Si prefieres algo más ligero para acompañar el plato, una Paloma con Chesquitos —refresco de toronja blanca, pálido y menos amargo— aporta un burbujeo cítrico que corta la untuosidad de la almendra sin taparla.

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Preguntas frecuentes

¿El estofado es de verdad un mole si no lleva chocolate ni es negro?
Sí. En Oaxaca se cuenta entre los moles festivos, y es precisamente el más mestizo de todos: su color dorado y su dulzor vienen de la herencia española (almendras, pasas, plátano, aceitunas, alcaparras y especias) montada sobre la base oaxaqueña de jitomate y chile ancho. No lleva chocolate ni busca ser oscuro; su seña de identidad es el equilibrio dulce-salado, no la contundencia del negro.
¿Por qué le dicen 'estofado de bodas'?
Porque históricamente era un plato de lujo reservado a las grandes celebraciones —bodas, bautizos y mayordomías—, cuando las aceitunas y alcaparras importadas se consideraban un derroche. Nunca fue comida diaria: es el mole que se saca cuando se reúne toda la familia, y por eso encaja tan bien en una mesa de fiesta con arroz, tortillas y tabla de quesos.
¿Con qué carne se hace tradicionalmente?
Lo clásico es pollo de corral con hueso, que suelta gelatina y da mejor caldo. En muchas casas oaxaqueñas se hace con guajolote (pavo) para las bodas grandes, y también admite lomo o costilla de cerdo. Evita pechugas sin hueso solas: se secan y le restan cuerpo al caldo, que es medio mole del estofado.
¿Pica mucho?
Es de los moles más suaves de Oaxaca. Los chiles anchos aportan color y un fondo dulce más que picor, así que sale un guiso apto para niños y para paladares poco acostumbrados. Si lo quieres con más carácter, puedes añadir medio chile guajillo a la molienda, pero el estofado auténtico busca dulzor y untuosidad, no el golpe picante.
¿Se puede dejar hecho de un día para otro?
Mejora. Como todos los moles, el estofado gana al reposar: al día siguiente las especias se integran y el equilibrio dulce-salado se redondea. Guárdalo en la nevera hasta 4 días y recaliéntalo a fuego bajo con un poco de caldo. La pasta base, ya sazonada y sin caldo, aguanta 3 meses congelada, así que puedes adelantar el trabajo pesado antes de una fiesta.

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