La garañona es un licor de hierbas de un verde intenso, dulce y amargo a la vez, que nació en las cantinas de Tenancingo, en el sur del Valle de Toluca. Se bebe en caballito, como digestivo y con fama de reconstituyente. Aquí te contamos qué es de verdad y cómo prepararte una versión casera honesta, porque la receta original es secreto de cantina.

Tenancingo de Degollado, un pueblo del sur del Estado de México famoso por sus rebozos de seda y su mercado dominical, es la cuna de la garañona. El licor se hizo leyenda en la cantina La Superior, un local de barra larga y azulejo que lleva desde la primera mitad del siglo XX sirviendo esta bebida verde por copita a comerciantes, arrieros y viajeros que bajaban al tianguis. La receta —una maceración de más de una docena de hierbas de la región en aguardiente de caña— nunca se ha publicado: es un secreto que se hereda dentro de la casa, y esa es justo parte de su mística.
El nombre lo dice todo. 'Garañón' es el caballo semental, el que se dedica a la cría, y a la garañona se le colgó siempre la fama de afrodisíaca y de dar fuerza. Junto a eso convive su uso más terrenal y cotidiano: digestivo después de una comida pesada, remedio para el cólico y auxilio contra la cruda. Esa doble vida —tónico de barra y medicina de mercado— la ancla en la herbolaria tradicional del centro de México, donde la ruda, el ajenjo, la hierbabuena y el toronjil se usan desde tiempos coloniales.
Que sea de Tenancingo no es casualidad. La zona, entre el Nevado de Toluca y tierras templadas, ha sido siempre de hierbas: mercados de plantas medicinales, curanderas y una cultura de macerados domésticos. La garañona destila esa despensa vegetal en una botella. Hoy sigue siendo souvenir obligado de quien visita el pueblo por sus rebozos, y aunque hay imitaciones industriales, la de cantina —espesa, herbal y de amargor limpio— es la que la gente reconoce como la de verdad.
Se toma derecha, en caballito, a temperatura ambiente o ligeramente fría, como digestivo tras una comida pesada de Tenancingo. Si buscas el contraste clásico de amargo-herbal contra cítrico fresco, acompáñala de un Chesquitos bien frío de toronja blanca como chaser: su amargor suave y su burbuja pálida limpian el paladar entre trago y trago sin taparle el herbal a la garañona.
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