Dulces de Morelos · Repostería de feria

Gaznates rellenos de cajeta: la receta morelense paso a paso

Tubos de masa frita finísima, dorados y crujientes, que truenan al morder y se rellenan de cajeta espesa. Es el dulce de feria de Morelos por excelencia: masa con un chorrito de aguardiente que la deja llena de ampollas y ese relleno que se derrite en la boca. Aquí va la versión de casa, sin miedo a los moldes ni al aceite.

Prep
40 min
Cocción
25 min
Total
1 h 5 min (+ reposo masa 30 min)
Raciones
16-18 gaznates
Dificultad
Media-alta
Gaznates rellenos de cajeta — Morelos

Origen: Gaznates rellenos de cajeta

El gaznate es un dulce típico del centro de México con arraigo profundo en Morelos, donde nunca falta en las mesas de dulces de ferias patronales, bautizos y bodas de pueblo. El nombre viene de su parecido con el gaznate —la garganta o tráquea—: son tubos huecos de masa que se forman enrollando la pasta alrededor de un molde cilíndrico de metal. En Cuernavaca y en pueblos como Yautepec, Jojutla o Tlaquiltenango, el gaznate comparte la charola con las cocadas, los jamoncillos y las palanquetas del dulcero de plaza.

Su origen está ligado a la repostería conventual y criolla de los siglos coloniales, cuando la masa de harina, huevo y un toque de licor se freía en manteca y se rellenaba con merengue italiano batido hasta el punto de turrón. Ese relleno blanco y aireado es el clásico. Pero en Morelos, tierra de haciendas azucareras y de una golosería que abraza el dulce de leche, el relleno de cajeta ganó su lugar: aporta un contraste de caramelo tostado contra la masa neutra y crujiente que a mucha gente le gusta más que el merengue.

Rellenarlos de cajeta no es una moda: es la lógica de una región donde el dulce de leche caramelizado es despensa de cajón. La cajeta, más honda y tostada que un dulce de leche cualquiera, convierte al gaznate en un bocado con carácter. Por eso en las dulcerías morelenses conviven las dos versiones, y por eso vale la pena hacerlos en casa: recién rellenos, antes de que la humedad reblandezca la masa, no se parecen a nada comprado.

Ingredientes · 16-18 gaznates

Preparación paso a paso

Amasar y dejar reposar
Pon la harina en un bol con la sal, haz un hueco y añade las yemas, el huevo entero, la mantequilla y el aguardiente. Mezcla y amasa 8-10 minutos hasta lograr una masa lisa, firme y elástica, que no se pegue. Debe quedar bastante seca; si hace falta, añade harina de cucharada en cucharada. Envuelve en film y deja reposar 30 minutos: el gluten se relaja y podrás estirarla finísima sin que se encoja.
Estirar muy fino y cortar
Divide la masa en dos. Sobre la mesa enharinada, estira con rodillo hasta dejarla casi transparente, de 1-2 mm. Cuanto más fina, más crujiente y ampollado el gaznate. Corta cuadrados de unos 10 x 10 cm. Si tienes máquina de pasta, pásala hasta el penúltimo número: es el atajo perfecto.
Formar los tubos en el molde
Necesitas moldes cilíndricos de metal (canutos de gaznate, o en su defecto tubos de acero inox / cañas metálicas de 2-3 cm de diámetro). Enrolla cada cuadrado en diagonal alrededor del molde, de esquina a esquina, para que quede en forma de tubo. Pinta el borde final con clara de huevo y presiona para sellar; la clara es el pegamento que evita que se abra al freír.
Freír hasta dorar
Calienta el aceite a 170-180 °C (una prueba de masa debe burbujear al instante sin quemarse). Sumerge los gaznates con su molde. En 1-2 minutos se doran y forman ampollas; con unas pinzas desliza el gaznate fuera del molde dentro del propio aceite para que termine de dorar por dentro. Sácalos cuando estén dorados y crujientes y escúrrelos sobre papel. Cuidado: los moldes queman.
Rellenar y espolvorear
Deja enfriar del todo (calientes se ablandan y la cajeta se escurre). Pon la cajeta en una manga pastelera o en una bolsa con una esquina cortada y rellena cada tubo por ambos extremos hasta que asome. Espolvorea azúcar glas justo antes de servir. Rellénalos en el momento de comer: así conservan el crujido.
Truco pro
El secreto del crujido con ampollas está en dos cosas: el chorrito de alcohol en la masa (se evapora al freír y crea las burbujas) y estirar la masa hasta casi ver a través de ella. Y no rellenes con antelación: la cajeta lleva humedad y en media hora reblandece el tubo. Frito y sin rellenar aguanta crujiente en lata hermética 3-4 días; rellenas justo antes de servir.

Con qué bebida servirlo

Van pedidos con un café de olla con canela y piloncillo, o con un chocolate caliente a la mexicana batido con molinillo: el amargor tostado del café corta el dulzor de la cajeta y equilibra el bocado. Para cerrar una comida, también funcionan con un digestivo templado.

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Preguntas frecuentes

¿Con qué puedo sustituir los moldes metálicos de gaznate?
Sirve cualquier tubo de metal apto para aceite caliente: cañas de acero inoxidable, moldes de cannoli, o incluso boquillas grandes de manga cortadas. No uses madera ni silicona (no aguantan el aceite ni transmiten bien el calor). Si no tienes ninguno, forma conos enrollando la masa sobre un cucurucho metálico.
¿Por qué se me abren los gaznates al freír?
Casi siempre es por sellado flojo. Pinta bien el borde con clara de huevo y presiona unos segundos antes de freír. También ayuda enrollar en diagonal y ajustado al molde, y no mover el aceite bruscamente al meterlos. Un aceite demasiado frío hace que la masa se hinche y se despegue: mantén 170-180 °C.
¿Puedo rellenarlos con otra cosa además de cajeta?
Sí. El relleno clásico morelense es merengue italiano batido a punto de turrón. También quedan muy bien con cajeta mezclada con nuez picada, con crema pastelera o con una mezcla mitad cajeta mitad queso crema para bajar el dulzor. La cajeta sola es la versión más golosa y la más rápida.
¿La masa lleva azúcar?
No, y es a propósito. La masa del gaznate es neutra y crujiente para que contraste con el relleno dulce; todo el dulzor viene de la cajeta y del azúcar glas de encima. Si le pones azúcar a la masa, se dora demasiado rápido y se quema antes de quedar crujiente por dentro.
¿Cuánto aguantan y cómo se conservan?
Fritos y sin rellenar aguantan 3-4 días crujientes en un recipiente hermético, lejos de la humedad. Una vez rellenos con cajeta, cómelos en la primera hora: la humedad del relleno reblandece la masa. Lo práctico es freír una tanda, guardar los tubos vacíos y rellenar al momento de servir.

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