Cocina de Quintana Roo · Antojo de plaza

Cómo hacer marquesitas rellenas de cajeta (crujientes de verdad)

La marquesita es esa oblea enrollada, crujiente por fuera y rellena por dentro, que huele a las plazas de Cancún y Chetumal cada noche. Aquí la hacemos en su versión más golosa: rellena de cajeta, con el truco para que quede como tubo dorado y no como galleta blanda. Sin marquesitera profesional: se puede en casa.

Prep
15 min
Cocción
20 min
Total
35 min
Raciones
6-8 marquesitas
Dificultad
Media
Marquesita rellena de cajeta — Quintana Roo

Origen: Marquesita rellena de cajeta

La marquesita nació en la Península de Yucatán a finales de los años treinta. La versión más repetida la sitúa en Mérida hacia 1938, cuando un vendedor callejero de marquesotes —un bizcocho esponjoso muy peninsular— adaptó un molde de barquillos de hierro para dorar una masa fina hasta dejarla crujiente y enrollarla con queso de bola rallado dentro. De aquella ocurrencia salió un antojo que en pocos años saltó de Yucatán a toda la península y se quedó.

En Quintana Roo la marquesita dejó de ser curiosidad y se volvió patrimonio de la vida de plaza. Los carritos con la plancha de hierro —la marquesitera— son parte del paisaje nocturno del Parque de las Palapas en Cancún, de la Quinta Avenida en Playa del Carmen y del bulevar de la Bahía en Chetumal. El calor tropical del estado ayudó a que el relleno se abriera de la receta original: al queso de bola se le sumaron la cajeta, la Nutella, la mermelada, el plátano. Pedir 'una de cajeta con queso' en un carrito de Cancún es tan normal como pedir un elote.

La firma peninsular sigue siendo el contraste dulce-salado: la cajeta caramelosa contra el Edam que se funde salado dentro de la oblea caliente. Esta receta parte de esa idea. Puedes hacerla solo de cajeta —dulce total— o cruzarla con un poco de queso de bola rallado para clavar el sabor exacto de un carrito quintanarroense.

Ingredientes · 6-8 marquesitas

Preparación paso a paso

Prepara la masa
Bate los huevos con el azúcar y la sal hasta que espumen ligeramente. Añade la leche, la mantequilla derretida (tibia, no caliente) y la vainilla. Incorpora la harina tamizada con el polvo para hornear y bate hasta que quede una masa lisa, sin grumos, del espesor de una masa de crepe fina. Si queda muy espesa, afloja con un chorrito de leche.
Deja reposar
Tapa la masa y déjala reposar 15 minutos. Este descanso hidrata la harina y relaja el gluten: es lo que hace que la oblea salga crujiente y no correosa. No lo saltes.
Calienta bien la plancha
Si tienes marquesitera, caliéntala a fuego medio-alto. Si no, usa una sartén antiadherente ancha o una plancha de crepes bien caliente. La superficie debe estar caliente de verdad: unas gotas de agua deben chisporrotear al instante. Engrasa apenas con un papel untado en mantequilla.
Cuece la oblea
Vierte un cucharón fino de masa y extiéndela lo más delgada posible (con una espátula o moviendo la sartén). Cuece 1-2 minutos por lado hasta que se dore y los bordes se pongan crujientes. Cuanto más fina y más dorada, más crujiente el resultado. Debe quedar rígida en los bordes, no pálida.
Rellena con cajeta
Con la oblea aún caliente sobre la plancha, extiende 1 cucharada generosa de cajeta en una franja por el centro (no en toda la superficie: si la pones hasta los bordes se escapa al enrollar). Si haces la versión de plaza, espolvorea encima un puñado de queso de bola rallado para que se funda con el calor residual.
Enrolla en caliente y sirve
Enrolla la oblea de inmediato, mientras aún es flexible, apretando bien para formar un tubo firme. Al enfriarse unos segundos, endurece y queda crujiente por fuera con el corazón de cajeta caliente dentro. Sirve al momento: la marquesita se come recién hecha, nunca fría de nevera.
Truco pro
El punto crítico es la temperatura y la velocidad: la oblea solo es enrollable durante los 10-15 segundos en que está caliente. Ten la cajeta ya lista al lado antes de cuajar la masa, y enrolla sobre el mango de una cuchara de madera para apretar el tubo sin quemarte. Y si dudas entre pálida o dorada, siempre dorada: una oblea rubia se queda blanda, una bien tostada cruje. El otro secreto quintanarroense es no tener miedo al queso de bola: un poco de Edam salado bajo la cajeta es lo que separa una marquesita casera de una de carrito.

Con qué bebida servirlo

Al ser un antojo muy dulce, pide una bebida fría y con acidez que corte el caramelo. Un Chesquitos bien frío —nuestro refresco de toronja blanca, de amargor suave y líquido pálido— limpia el paladar entre bocado y bocado sin competir con la cajeta. Es el maridaje de plaza: dulce caliente y cítrico frío.

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Preguntas frecuentes

¿Puedo hacer marquesitas en casa sin marquesitera?
Sí. La marquesitera de hierro da la forma clásica, pero en casa funciona una sartén antiadherente ancha o una plancha de crepes bien caliente. La clave no es el molde, es extender la masa muy fina y dorarla bien; luego se enrolla a mano en caliente. Una pizzelera también sirve si la tienes.
¿Por qué me quedan blandas y no crujientes?
Casi siempre por dos motivos: la masa quedó demasiado gruesa, o retiraste la oblea antes de que se dorara. La marquesita cruje cuando la oblea es fina y está bien tostada. Sube un punto el fuego, extiende más delgado y déjala hasta que los bordes estén dorados y rígidos antes de rellenar.
¿La cajeta va sola o con queso?
Las dos formas son auténticas. Solo cajeta es la versión dulce total. Cajeta con queso de bola (Edam) rallado es la combinación reina de la península: el queso salado se funde con el caramelo y da el contraste dulce-salado que define la marquesita quintanarroense. Prueba las dos.
¿Qué cajeta uso para que sepa a México?
Una cajeta de verdad, de leche de cabra, con ese punto tostado y ligeramente ácido que no da el dulce de leche de vaca. Nuestra cajeta mexicana MercaMX es cajeta artesanal auténtica: se funde perfecta con el calor de la oblea y no queda empalagosa.
¿Se pueden preparar con antelación?
La masa sí: la puedes tener lista en la nevera hasta 24 horas (remuévela antes de usar). Las obleas rellenas no: se comen recién hechas. Si las dejas hechas, pierden lo mejor que tienen, el crujido. Lo suyo es cuajar y enrollar al momento de servir.

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