Trozos de carnero bañados en adobo de chiles secos y hoja de aguacate, envueltos en la piel del maguey y cocidos al vapor hasta que la carne se despega sola del hueso. Es el plato de fiesta del altiplano tlaxcalteca, hermano de la barbacoa, y se hace en casa con vaporera y un poco de paciencia.

El mixiote nace, literalmente, del maguey. La palabra viene del náhuatl 'metl' (maguey) y 'xiotl' (la telita o piel), porque el envoltorio tradicional no es papel ni hoja: es la fina cutícula translúcida que se desprende de la penca del maguey pulquero. Por eso el plato pertenece a las tierras donde crece el maguey de aguamiel, y Tlaxcala es corazón de esa región. En las viejas haciendas pulqueras del altiplano, los tlachiqueros que raspaban el maguey para sacar el aguamiel pelaban esa membrana y la aprovechaban para envolver carne adobada, que cocían en el mismo horno de tierra de la barbacoa durante las fiestas.
El carnero no es casualidad. La cría de borrego prosperó en el altiplano semiárido de Tlaxcala tras la Conquista, y de ahí que la barbacoa y el mixiote de carnero se volvieran el binomio de las grandes celebraciones: bodas, mayordomías, la fiesta del santo patrón. Se cocinaban juntos en el pozo, la barbacoa abajo y los mixiotes colgados o acomodados arriba, aprovechando el mismo vapor perfumado a penca de maguey. Comer mixiote en Tlaxcala es comer fiesta de pueblo.
Hay un detalle que marca su historia: sacar la membrana del maguey lo debilita, y una planta tarda años en madurar y vale más viva, dando aguamiel para el pulque. La extracción intensiva del mixiote llegó a dañar tanto los magueyales que en varias zonas se restringió. Por eso hoy, incluso en Tlaxcala, la mayoría de los mixiotes se envuelven en papel de estraza encerado o papel de horno, y el nombre quedó para el plato aunque ya casi no lleve la piel del maguey que le dio origen.
En Tlaxcala lo suyo es un curado de pulque o una salsa borracha, fieles al maguey del que sale el propio mixiote. Si buscas algo fresco y disponible en España que corte la grasa y el chile del carnero, una michelada con Zumato (bebida de tomate y limón) es la pareja natural: fría, salada y cítrica, limpia el paladar entre taco y taco. Para un contraste más ligero, una Paloma con Chesquitos —nuestro refresco de toronja blanca, de líquido pálido y amargor suave— también le va muy bien.
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