El panucho es el antojito que mejor define la mesa yucateca: una tortilla recién hecha que se infla, se abre por un costado y se rellena de frijol colado antes de freírse hasta quedar crocante. Encima, cochinita o pavo deshebrado, cebolla morada curtida y un toque de habanero. Aquí tienes la versión de casa, con la técnica real para que la tortilla se infle y el frijol quede dentro.

El panucho nace en la península de Yucatán como aprovechamiento inteligente de la tortilla que se infla en el comal. Cuenta la tradición que en Mérida, un cocinero apodado "Don Ucho" servía tortillas rellenas de frijol en su puesto; la gente pedía "el pan de Ucho", y de ahí quedó "panucho". Sea leyenda o no, el nombre revela lo esencial del plato: una tortilla convertida en bolsillo comestible, algo que sólo el maíz nixtamalizado y bien trabajado permite hacer.
Lo que hace al panucho profundamente yucateco es la combinación de tres elementos que no existen juntos en ningún otro estado de México: el frijol colado (frijol negro molido y refinado hasta quedar terso, no los frijoles refritos del centro del país), la cebolla morada encurtida en jugo de naranja agria, y el habanero. Esa naranja agria y ese chile son firmas de la cocina maya-yucateca, herencia del intercambio entre la despensa prehispánica y los cítricos que llegaron con los españoles por el puerto de Sisal y Progreso.
El panucho es hermano del salbute, pero se distinguen por un detalle técnico: el salbute lleva la tortilla frita sin rellenar y queda esponjoso, mientras el panucho lleva el frijol colado dentro y se fríe hasta quedar más firme y crujiente. En las loncherías de Mérida, Valladolid y los pueblos de la ruta Puuc, pedir "panuchos de cochinita" a media mañana es un ritual tan cotidiano como el café; se comen de pie, con las manos, y la salsa xnipec al lado.
El picor del habanero y lo untuoso del frijol piden algo frío y ácido que limpie el paladar. Una michelada bien fría preparada con Zumato (bebida de tomate y limón, receta mexicana hecha en España) juega en la misma familia de sabores que la cochinita. Si prefieres algo cítrico y menos intenso, una Paloma con Chesquitos —refresco de toronja blanca, pálido y menos amargo que la toronja rosa— refresca sin taparte los sabores del plato.
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