El paste no es una empanada más: es el pan de mina que los ingleses de Cornualles trajeron a Real del Monte en el siglo XIX y que Hidalgo hizo suyo. Este es el clásico, el de papa con carne picada, con su masa quebradiza, su repulgue trenzado y ese relleno crudo que se cocina dentro del horno. Aquí va la receta honesta, sin atajos.

Real del Monte (Mineral del Monte), en la sierra hidalguense, fue durante el siglo XIX un enclave minero controlado por la Compañía de Real del Monte y Pachuca, de capital británico. Entre 1824 y 1848 llegaron cientos de mineros de Cornualles (Cornwall), en el suroeste de Inglaterra, para modernizar la extracción de plata. Trajeron consigo el fútbol —el primer partido documentado en México se jugó aquí— y, sobre todo, el 'Cornish pasty': una empanada de masa gruesa rellena de carne y verdura que el minero bajaba a la mina y comía sin cubiertos, sujetándola por el repulgue con las manos sucias de mineral y tirando ese borde al final.
De ese pasty inglés nació el paste hidalguense. La palabra misma es la castellanización de 'pasty'. El relleno original cornuallés —papa, carne de res, nabo (swede) y cebolla, todo crudo y sazonado solo con sal y pimienta— es exactamente el que hoy se conoce en Real del Monte como 'paste de papa con carne' o 'paste inglés', el más ortodoxo de todos. La masa se hace robusta a propósito: tenía que aguantar la caída por el tiro de la mina y conservar el calor durante horas.
Con el tiempo el paste se mexicanizó y se multiplicó: apareció el de mole verde, el de tinga, el de frijol con queso, el de picadillo y hasta los dulces de arroz con leche, piña o cajeta. Pero en las pasterías de Mineral del Monte el de papa con carne sigue siendo la referencia, el que mide si una cocina sabe lo que hace. Hoy Real del Monte es Pueblo Mágico y tiene hasta un Museo del Paste; cada octubre celebra su Festival del Paste. Comerlo caliente, recién salido del horno, con una salsa de la casa al lado, es tan hidalguense como el pulque.
En Real del Monte el paste se acompaña de pulque o de un buen café de olla. Para la mesa española, si quieres algo con chispa mexicana que corte la mantequilla de la masa, va perfecto una michelada bien fría de Zumato (nuestra bebida de tomate y limón, elaborada en España con receta mexicana): su acidez salada limpia el paladar entre bocado y bocado. Si prefieres algo cítrico y ligero, un Chesquitos frío —refresco de toronja blanca, pálido y menos amargo— refresca sin competir con el sazón del relleno.
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