En Nayarit la capirotada no es un postre cualquiera: es el plato con el que huele la Semana Santa en Tepic, Santiago Ixcuintla y Mexcaltitán. Pan del día anterior empapado en miel de piloncillo con canela y clavo, capas de cacahuate, pasas, coco y plátano, y ese golpe salado del queso Cotija que la vuelve inconfundible. Dulce, especiada y con contraste: así se hace la de verdad.

La capirotada llegó a la Nueva España como un plato SALADO de origen medieval español: capas de pan viejo con caldo, carne, queso y especias, un modo aprovechado de no tirar el pan duro. Durante la Cuaresma, cuando la Iglesia prohibía la carne, las cocinas conventuales la fueron transformando: fuera el caldo y el tocino, dentro el piloncillo, la fruta seca y el queso. Con los siglos quedó como la conocemos hoy, un dulce de vigilia que solo aparece entre Miércoles de Ceniza y Viernes Santo. El nombre viene de 'capirote', el capuchón puntiagudo, por las capas montadas del plato.
Lo que hace nayarita a esta capirotada es la despensa de la costa del Pacífico. Frente a las versiones secas del Bajío, en Nayarit se enriquece con coco rallado y plátano maduro, herencia de una tierra de palmeras y platanares, y se arma en cazuela de barro con birote o bolillo del día anterior. En pueblos como Santiago Ixcuintla o la isla de Mexcaltitán, las familias la preparan por tandas grandes durante la Cuaresma para compartir entre vecinos y llevar a los rezos: es tanto postre como gesto comunitario de Semana Santa.
Y es que la capirotada se come porque significa algo. Cada ingrediente representa la Pasión de Cristo: el pan es el Cuerpo, la miel de piloncillo la Sangre, los clavos de olor los clavos de la cruz, la raja de canela el madero, y el queso derretido por encima la sábana santa que lo cubrió. Servirla en Viernes Santo no es solo costumbre golosa: es comerse, literalmente, un relato.
El maridaje tradicional es un café de olla, con su propia canela y piloncillo, que acompaña sin competir. Para quien la prefiera fría, un vaso de leche bien fría rebaja lo dulce; y si buscas algo con burbuja y un punto ácido que corte el empalago, un Chesquitos frío de toronja blanca (pálido y menos amargo que el pomelo rosa) hace de contrapunto refrescante.
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