El chile poblano, carnoso y tatemado, relleno de queso que se derrite en hebras, envuelto en una nube de huevo dorado y bañado en un caldillo de jitomate ligero. Es el plato de diario de las cocinas de Puebla: menos ceremonioso que los chiles en nogada, pero con la misma técnica de capeado heredada de los conventos. Aquí va la receta completa, con la técnica real para que el rebozado no se caiga y el queso quede fundido por dentro.

El chile poblano le debe el nombre a Puebla: es la variedad fresca y ancha que se cultiva desde época prehispánica en el valle poblano-tlaxcalteca, y que, seca, se convierte en el chile ancho del mole. Verde, grande y de piel gruesa, siempre pidió ser rellenado antes que molido. La costumbre de tatemarlo, pelarlo y rellenarlo es tan poblana como el propio fruto, y en las casas se hace la versión humilde -rellena de queso- semana tras semana, mientras la festiva -rellena de picadillo y cubierta de nogada- se reserva para septiembre.
El capeado, esa camisa de huevo batido que envuelve el chile, no es prehispánico: llegó con la cocina conventual del Puebla virreinal. En los conventos de Santa Rosa y Santa Mónica, las monjas fusionaron la técnica española de rebozar en huevo con los ingredientes del Nuevo Mundo, la misma cocina de fusión que parió el mole poblano y los chiles en nogada. De ahí que el chile relleno capeado sea un plato mestizo puro: chile indígena, huevo y harina europeos, jitomate americano en el caldillo.
El caldillo de jitomate es lo que distingue la versión poblana de casa de la que solo se sirve frita y seca. Es un caldo ligero, casi una sopa, en el que los chiles capeados se calientan justo antes de llevarlos a la mesa: el rebozado absorbe algo del caldillo y se ablanda, y el jitomate corta la riqueza del huevo frito. Servir el chile nadando en su caldillo, con arroz rojo al lado, es la estampa del comedor poblano entre semana.
Una Paloma de Chesquitos: el amargor limpio de la toronja blanca (más suave que la rosa) corta la riqueza del huevo frito y refresca entre bocado y bocado. Sírvela bien fría con hielo y una rodaja de lima.
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