Tortilla pasada por salsa de guajillo, dorada al momento y rellena de queso, coronada con papas y zanahorias salteadas en el mismo aceite teñido de chile. Así son las enchiladas queretanas de fonda y mercado: sencillas, contundentes y sin una sola gota de crema que las disfrace.

Las enchiladas queretanas nacen en la cocina de mercado y fonda del Bajío, esa franja del altiplano central donde Querétaro comparte despensa con Guanajuato y San Luis Potosí. No son un plato de banquete: son almuerzo de trabajador y de comerciante, servido en los portales de la ciudad colonial y en pueblos como Amealco o Tequisquiapan. Su firma inconfundible son las papas y zanahorias en cubos que se fríen en el mismo aceite en el que se doró la tortilla, absorbiendo el color y el sabor del guajillo. Ese aprovechamiento del aceite teñido es puro ingenio de cocina humilde: nada se tira.
Comparten familia con las enchiladas mineras de Guanajuato y con las potosinas, todas hijas de la misma técnica del Bajío: la tortilla no se rellena y luego se baña, sino que se sumerge en salsa de chile seco ANTES de freírse. Es el orden inverso al de las enchiladas de otras regiones, y es lo que da a la queretana esa piel ligeramente crujiente por fuera y suave por dentro. El chile guajillo, dulce y de picor moderado, es el chile del altiplano seco queretano: aguanta bien el almacenamiento y da color rojo ladrillo sin quemar.
Tradicionalmente se sirven acompañadas de una pieza de pollo dorado y a veces chorizo, porque en la fonda queretana la enchilada es guarnición y plato fuerte a la vez. El queso que las remata es un queso añejo, salado y desmoronable de rancho: el papel que hoy cumple perfectamente un buen queso Cotija. Nunca crema agria por encima, ese es un añadido de otras regiones que en Querétaro se considera fuera de lugar.
En Querétaro se comen con un refresco bien frío que aguante la grasa y el chile. Una Paloma preparada con Chesquitos —nuestro refresco de toronja blanca, de amargor suave— limpia el paladar entre bocado y bocado sin competir con el guajillo. Si prefieres algo más contundente, una michelada con Zumato, nuestra bebida de tomate y limón, hace un maridaje muy mexicano con el picor de la salsa.
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