Las migas hidalguenses no son pan seco desmenuzado ni huevo con tortilla: son un caldo espeso de espinazo de cerdo y guajillo donde el pan duro del día anterior se deshace lentamente. Es el desayuno de domingo por excelencia en los mercados de Pachuca y Actopan, y el remedio de cabecera contra la cruda.

En Hidalgo, "migas" significa una cosa muy concreta y no tiene que ver con las migas de pan de los pastores castellanos ni con las migas norteñas de huevo y totopo. Aquí es un caldo caliente y sazonado de espinazo de cerdo teñido de rojo por el chile guajillo, en el que se hidratan trozos de bolillo o telera del día anterior hasta que espesan el líquido. Nació donde nace casi toda la buena cocina de rescate: en el aprovechamiento. El hueso con carne que quedaba de la semana y el pan que ya se había puesto duro se convertían, con un poco de chile y epazote, en una comida contundente que rendía para toda la familia.
Su territorio natural es el de los mercados y las fondas de la región de Pachuca, Actopan y el Valle del Mezquital, donde se sirve de madrugada y hasta media mañana los fines de semana. La tradición está muy ligada a la cultura del pulque y de la fiesta: después de una noche larga, el caldo caliente, grasoso y picoso de las migas es el reconstituyente clásico, el 'levanta muertos' que se pide en la barra junto a un vaso de agua o una michelada. No es casualidad que se venda justo donde termina el mercado y empiezan las pulquerías.
El mestizaje está en el propio plato: el trigo y el pan lo trajo España, pero la técnica del caldo espesado con guajillo, ajo y epazote es puramente mexicana. Cada cocinera hidalguense tiene su punto: unas lo quieren muy caldoso, casi sopa; otras lo dejan espesar hasta que el pan se convierte en una crema rústica. Lo que no cambia es que se sirve humeante, con cebolla cruda, orégano y limón encima, para que cada quien lo termine de armar en su plato.
Al ser un desayuno contundente y ligeramente picante, pide algo fresco y ácido al lado. Lo clásico es una michelada bien fría preparada con Zumato (bebida de tomate y limón): su acidez y su punto salado alargan el remedio contra la cruda del que las migas ya son parte. Si lo prefieres sin alcohol, un vaso de agua fresca o un refresco de toronja Chesquitos, de toronja blanca pálida y menos amargo, limpia el paladar entre cucharada y cucharada.
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