Canelones de atún y tomate gratinados con queso Oaxaca: funde y hace hebra con un sabor suave que deja que se siga notando el pescado.
Con pescado el problema es el contrario que con la carne: un queso muy curado tapa el atún y deja el plato hablando solo de queso. El Oaxaca es fresco y de sabor suave, así que aporta la hebra y el gratinado sin robarle el protagonismo al relleno.
El queso Oaxaca es un queso de pasta hilada: la cuajada se estira en caliente hasta formar fibras, exactamente la misma técnica con la que se hacen la mozzarella, el provolone o la scamorza. Esa estructura es la que da la hebra al fundir, y es una propiedad física del queso, no una cuestión de sabor. Por eso funciona en cualquier plato que pida fundido con hilo.
Donde no funciona es sustituyendo quesos curados de rallar —parmesano, pecorino, grana—, porque esos aportan sal y concentración, no hebra. Para ese papel el equivalente es el queso Cotija. Y tampoco imita a los de corteza lavada tipo raclette o reblochon, que funden cremosos en lugar de en hilo; cuando la idea de esos platos nos interesa, la trasladamos como mezcla declarada, no como sustitución.
Nuestro queso Oaxaca Corazón de Leche se elabora en España, así que llega fresco y sin importación. Si tienes dudas sobre qué queso pedir para cada uso, están resueltas en la guía de quesos que funden.
En aceite de oliva escurrido a fondo: tiene más sabor y mejor textura. El natural queda seco y se deshace en fibras dentro del relleno.
Es la versión casera española clásica. El huevo aporta cuerpo y suaviza la acidez del tomate, además de ligar el relleno para que no se desmigue.
Sí, y queda más fino. Escúrrelo igual y ten en cuenta que es más delicado, así que mézclalo con suavidad para que no se deshaga del todo.