El pasticho es la lasaña venezolana: más bechamel, más queso y jamón entre capas. Con queso Oaxaca funde y hace hebra como pide la receta de casa.
El pasticho lleva más queso y más bechamel que una lasaña italiana, y el queso va entre todas las capas, no solo arriba. Eso exige uno que funda parejo y estire sin soltar agua, porque el volumen de líquido ya es alto de por sí. El queso Oaxaca, de pasta hilada, cumple justo eso.
El queso Oaxaca es un queso de pasta hilada: la cuajada se estira en caliente hasta formar fibras, exactamente la misma técnica con la que se hacen la mozzarella, el provolone o la scamorza. Esa estructura es la que da la hebra al fundir, y es una propiedad física del queso, no una cuestión de sabor. Por eso funciona en cualquier plato que pida fundido con hilo.
Donde no funciona es sustituyendo quesos curados de rallar —parmesano, pecorino, grana—, porque esos aportan sal y concentración, no hebra. Para ese papel el equivalente es el queso Cotija. Y tampoco imita a los de corteza lavada tipo raclette o reblochon, que funden cremosos en lugar de en hilo; cuando la idea de esos platos nos interesa, la trasladamos como mezcla declarada, no como sustitución.
Nuestro queso Oaxaca Corazón de Leche se elabora en España, así que llega fresco y sin importación. Si tienes dudas sobre qué queso pedir para cada uso, están resueltas en la guía de quesos que funden.
En que lleva más bechamel, más queso y casi siempre jamón cocido entre capas. Es más alto, más cremoso y menos seco que la lasaña italiana, y el queso va repartido en todas las capas en lugar de concentrarse arriba.
Uno que funda y estire, del tipo de la mozzarella o el queso de mano. El queso Oaxaca funciona porque comparte con ellos la técnica de pasta hilada: se estira la cuajada en caliente y queda en fibras.
Cuatro o cinco, frente a las tres habituales de una lasaña. Es un plato que se sirve alto, así que conviene usar una fuente honda y no una bandeja plana.