Por qué irLa Veintiocho, en pocas palabras
El nombre está en la fachada, bien grande: 28, el número con el que empiezan todos los códigos postales de Madrid. Es una forma fácil de recordarlo, vivas a la vuelta de la esquina o en la otra punta de la ciudad. Dentro, la escena trae a la memoria las taquerías de la Ciudad de México, y Time Out la comparó con Maizajo, en la colonia Condesa: una barra cálida que dibuja una ventana de ladrillo rojo con vista directa a la cocina, pensada para ver al taquero trabajar en directo, yendo y viniendo.
Si tu próxima parada es Chamberí, ve a Las Mañanitas de Bravo Murillo por sus quesadillas de maíz azul y sus enchiladas.
Mariano Torre dirige esa cocina y defiende la barra como parte de la manera de comer tacos en México. El local es estrecho, casi un pasillo, con barras a ambos lados: el naranja como seña de identidad y, frente al ladrillo, barras más finas de aluminio, una de ellas en el ventanal, mirando a la calle. Fuera hay varias mesas de terraza con sombra. Y al bajar la escalera aparece otra sala, fresca y tranquila, con una mesa larga, sillones, vinilos en la pared y una pequeña barra, que se reserva para grupos, cumpleaños y celebraciones. Arriba, la consigna es sencilla: se puede ir con o sin reserva.
La carta es corta y va al grano: tres entrantes, seis tacos y dos más de temporada que cambian cada tanto, a veces en colaboración con otros locales de Madrid, como el taco thai que prepararon junto a Red Panda. La bebida tiene tanto peso como la comida: media docena de vinos naturales por copa o por botella, cócteles como la margarita clarificada o el Piolín, con un punto más ahumado, aguas frescas, cheladas, micheladas y cervezas mexicanas. Time Out le dio cuatro estrellas de cinco en su reseña de agosto de 2026, y la Fundación Casa de México en España le ha concedido el Sello Copil 2026.
Para comer en barra viendo al taquero, para una terraza con margaritas y vino natural o para reunir a un grupo en la sala de abajo.